El pasado viernes comí en el restaurante Wings en las salidas del terminal 2 del aeropuerto Benito Juárez en la ciudad de México, como suelo hacer antes de embarcar en el vuelo de Aeroméxico de regreso a Madrid. Al entrar y conseguir mesa, noté que, ese día, los comensales estaban mucho mas pendientes de las pantallas de televisión de lo que era habitual. El local, parecido a los Vips españoles, tiene varias pantallas repartidas por sus paredes a las que, normalmente, nadie les hace mucho caso. Simplemente están ahí, formando parte del segundo plano del ambiente, hasta que algún acontecimiento, las trae a primer plano.
Al sentarme, me dí cuenta. Era la retransmisión de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. De noche en Europa y primera hora de la tarde en América, sin duda, un acontecimiento global. Mientras ordeno la comida disfruto de las últimas actuaciones (siempre me gustó el pop británico) y, en seguida, comienza el desfile.
Almuerzo distraído viendo pasar las imágenes de las diferentes delegaciones. La española irá al final, con la s. No sé si tendré tiempo (o paciencia) para esperar su paso. El caso, es que al acercarse la salida del equipo olímpico mexicano, sube el ambiente en el local, y al aparecer en pantalla el abanderado seguido de sus compañeros, estalla una rotunda ovación.
Mientras pagaba la cuenta pensaba en cómo se viviría, dentro de unos minutos, la aparición del equipo español en los bares de España. No sé si acerté, pero en seguida descarte el aplauso espontáneo de los parroquianos a Gasol, la bandera o el equipo de esforzados atletas.
Mas bien me imaginé comentarios del tipo: "¡qué uniforme mas feo!",;"¿quién lo habrá elegido?" ó, incluso, "¿qué le habrá dado "bajo manga" el fabricante a cambio?".
Ya me dirán ustedes que ocurrió, pero, por desgracia, me parece mas probable ésta última que la del aplauso. Y digo "por desgracia" porque creo que a los españoles nos sobra autocrítica (generalmente muy irracional, por cierto) y nos falta autoestima colectiva y patriotismo. Pero, ojo, patriotismo (orgullo del patrimonio común), no patrioterismo, del que ya vamos sobrados.
Creo que los españoles ganaríamos mucho si apagáramos la tele a la hora de los telediarios.
ResponderEliminarPadecemos una enfermedad mental que consiste en creer que somos lo que vemos en los telediarios: Políticos torpes, banqueros tramposos y charlatanes de feria, en lugar de creer que somos lo que en realidad somos que es lo que vemos alrededor: trabajadores, parados, artistas, vencedores, perdedores, etc. es decir humanos.
No nos autocriticamos, odiamos a la España que nos presenta la tele
O algo así. Más o menos
MG